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El estratega nato Es 1823, ha terminado el movimiento armado de Independencia. Los hijos, viudas y familiares de quienes nos dieron patria solicitan pensión al Ministerio de Guerra y Marina. En este contexto, Silvia Molina presenta la vida de Matamoros. Josefa, a nombre también de Manuelita, le escribe una carta a Apolonio, hijo adoptivo y fi cticio del general, para pedirle información y solicitar la pensión, que les corresponde por ser hermanas de Mariano y que necesitan por su precaria situación económica. Apolonio Matamoros relata a las tías y al lector lo que vivió al lado del sacerdote y después comandante en jefe, Mariano Matamoros, así como su captura y muerte. En Matamoros. El resplandor en la batalla, de editorial Grijalbo, la autora expone las razones que motivaron su investigación y revalora a este héroe, al que la historia ofi cial dedica pocas líneas. Matamoros llegó a ser nombrado el segundo hombre después de Morelos en el Ejército Insurgente, lugar que se ganó por ser un estratega y militar nato. A diferencia de Hidalgo y Morelos, Matamoros no pudo ser degradado de su condición de sacerdote. Con motivo del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución hay mucha producción literaria respecto a estos temas, lo cual genera nuevos aires en la novela histórica de México, y qué mejor que con una narrativa limpia y fl uida como la de Silvia Molina, quien logra mostrarnos a Mariano Matamoros “de carne y hueso”. (Laura Castañeda Salcedo) Equidad idiomática Aunque el uso del lenguaje sexista no vulnera de forma directa e inmediata los derechos y oportunidades de mujeres y hombres, si genera un estigma social que desemboca en la discriminación. Esta es la conclusión del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) en el texto 10 recomendaciones para el uso no sexista del lenguaje. Un instrumento cuyo objetivo es erradicar el lenguaje sexista porque promueve la exclusión de género. Con la intención de detener la proliferación de discursos misóginos y homofóbicos, el Conapred plantea opciones para erradicar cualquier tipo de discriminación verbal o escrita, entre estas: evitar confundir el género masculino con la totalidad de las personas. Este error se llama uso del género gramatical masculino como genérico universal, sin embargo, hay alternativas para no reproducir este equívoco, por ejemplo sustituir “los derechos del hombre” por “los derechos de la humanidad”. El lenguaje sexista también discrimina a grupos en situación de exclusión: etnias, mujeres, homosexuales, personas con VIH-sida, adultos mayores, migrantes, desplazados y refugiados, infantes, jóvenes, grupos religiosos y discapacitados. Por ello, también se propone sustituir términos como “los indígenas”, “minorías étnicas” o “la mujer” por “los pueblos indígenas”, “las comunidades indígenas” o “las mujeres”. Así se abandona la idea de que lo masculino emerge como central, mientras lo femenino aparece como marginal. (Anayeli García Martínez)
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Última actualización el Jueves 02 de Septiembre de 2010 10:10 |